La incontinencia urinaria – o pérdida involuntaria de orina – afecta a un estimado del 25 al 45 % de las mujeres y del 11 al 34 % de los hombres mayores de 40 años. A pesar de su prevalencia, menos de la mitad de los afectados lo comentan con su médico, a menudo porque creen que es una parte normal del envejecimiento o que no se puede hacer nada al respecto. Ninguna de estas suposiciones es cierta.
Tipos de incontinencia
- Incontinencia de esfuerzo: Consiste en la pérdida de orina durante actividades que aumentan la presión abdominal, como toser, estornudar, reír o hacer ejercicio.
- Incontinencia de urgencia (vejiga hiperactiva): Implica una necesidad repentina e intensa de orinar, seguida inmediatamente por la pérdida de orina.
- Incontinencia mixta: Combina ambos tipos anteriores.
- Incontinencia por rebosamiento: Más común en hombres con crecimiento prostático; ocurre cuando la vejiga nunca se vacía por completo. Cada tipo requiere un enfoque de tratamiento diferente.
Tratamiento
El tratamiento de primera línea incluye la terapia conductual: reentrenamiento vesical, control de la ingesta de líquidos y ejercicios del suelo pélvico (ejercicios de Kegel). Estos son notablemente eficaces para la incontinencia de esfuerzo y de urgencia.
Para la incontinencia de urgencia, existen medicamentos que reducen la hiperactividad del músculo de la vejiga. Las inyecciones de toxina botulínica (Botox) en la pared vesical son altamente eficaces para pacientes que no responden a la medicación. Asimismo, la neuromodulación sacra (un marcapasos vesical) ofrece excelentes resultados en casos refractarios.
Para la incontinencia de esfuerzo en mujeres, los procedimientos de cabestrillo mediouretral (sling) ofrecen soluciones quirúrgicas mínimamente invasivas y altamente eficaces con excelentes resultados a largo plazo. Los hombres con incontinencia tras una prostatectomía tienen opciones que incluyen el cabestrillo masculino y el esfínter urinario artificial.
No sufra en silencio
La incontinencia afecta profundamente la calidad de vida: limita las actividades sociales, interrumpe el sueño y afecta las relaciones personales. No tiene por qué resignarse a ella. Una sola consulta puede determinar qué enfoque de tratamiento es el adecuado para usted.
